Cuando el clima presiona los precios: prepararnos para el Fenómeno de El Niño es la clave
Fecha de publicación - Junio 10 del 2026
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Hoy el comportamiento de los precios de los alimentos no puede analizarse únicamente desde la economía. Cada vez es más claro que el clima está determinando qué tanto cuesta producir, abastecer y finalmente consumir. En Colombia, esta relación no es nueva: históricamente, los episodios del Fenómeno de El Niño han generado presiones significativas sobre los precios, especialmente en alimentos perecederos.
La evidencia es contundente. En eventos moderados de El Niño, la inflación de alimentos ha alcanzado niveles cercanos al 7,8% y 10,7%, mientras que en episodios más intensos como el de 2015–2016, el incremento ha sido aún más pronunciado, llegando hasta 18,9% anual en alimentos. Este comportamiento responde a un patrón claro: cuando aumentan las temperaturas y disminuyen las lluvias, se reduce la productividad agrícola, se deteriora la calidad de los cultivos y se incrementan los costos de producción, lo que termina trasladándose al consumidor. [1]
Para 2026, las proyecciones apuntan a un escenario que exige atención. Centros de análisis económico estiman que, bajo un fenómeno de alta intensidad, la inflación de alimentos podría acercarse al 11,2%, impulsada por la sequía y la presión sobre cultivos básicos como arroz, papa y plátano. Esto significa que el impacto no será homogéneo, pero sí altamente sensible en productos de la canasta básica, con efectos directos sobre el costo de vida y la seguridad alimentaria. [2]
Este encarecimiento no es únicamente un tema de mercado, sino de disponibilidad. Cuando la oferta se reduce por condiciones climáticas adversas, el sistema completo se tensiona: menos producción, mayores costos de transporte, más presión sobre el abastecimiento y, en consecuencia, precios más volátiles. En un país donde buena parte de la producción depende directamente de las lluvias, la variabilidad climática se convierte en un factor crítico de riesgo.
Frente a este panorama, la diferencia no está en reaccionar cuando los efectos ya son evidentes, sino en anticiparse. La resiliencia climática, especialmente en el sector agropecuario, se construye desde las decisiones prácticas que reducen la exposición al riesgo y fortalecen la capacidad de adaptación.
Algunas acciones clave que pueden marcar la diferencia son:
- Gestión estratégica del agua: Más que almacenar, se trata de asegurar continuidad productiva. Durante eventos de El Niño, la disponibilidad hídrica puede reducirse significativamente, impactando directamente los cultivos y la producción pecuaria. En Colombia, reducciones en lluvias han generado caídas en rendimientos agrícolas de hasta 4% a 12% en cultivos clave como arroz, papa y yuca. Contar con reservorios y sistemas de captación permite mitigar este riesgo y sostener la operación. [3]
- Eficiencia en el riego: No es solo cuándo regar, sino cómo hacerlo. Tecnologías de riego eficiente o prácticas adaptadas como regar en horas de menor radiación reducen pérdidas por evaporación y optimizan cada litro disponible, algo crítico cuando el recurso es limitado.
- Protección de cultivos frente al estrés térmico: Las altas temperaturas no solo afectan el crecimiento, también deterioran la calidad de los productos. Durante El Niño, el estrés hídrico y térmico puede reducir la productividad y alterar características comerciales de los cultivos, lo que impacta su valor en el mercado. Estrategias como sombríos o coberturas ayudan a conservar humedad y estabilizar las condiciones del cultivo.
- Planificación productiva basada en clima: Ajustar calendarios de siembra y cosecha es clave para reducir pérdidas. En escenarios de sequía prolongada, los periodos críticos de los cultivos pueden verse afectados, reduciendo tanto volumen como calidad. La evidencia muestra que la variabilidad climática puede disminuir la producción agropecuaria y generar presiones sobre la oferta de alimentos.
- Diversificación y manejo del riesgo: Apostar por una sola línea de producción aumenta la vulnerabilidad. Diversificar cultivos o implementar prácticas complementarias puede mitigar el impacto de eventos climáticos extremos.
El Fenómeno de El Niño no es un evento nuevo, pero sí cada vez más relevante en un contexto de cambio climático. Su impacto no se limita al aumento de temperaturas: se extiende a la productividad, a los costos y, finalmente, a la estabilidad económica de miles de familias.
En este escenario, hay un mensaje clave: el impacto no es inevitable, pero sí predecible. Y cuando algo se puede anticipar, también se puede gestionar.
El clima cambia, pero la capacidad de prepararnos define el resultado.
Fuentes:
[1] Así se dispararon los precios de los alimentos y energía por el Fenómeno de El Niño
[3] Los alimentos que están más caros en Colombia, pese a que la inflación bajó en abril - Semana